La política de Chicago se sacudió este miércoles tras un revés para el alcalde Brandon Johnson. En una sesión tensa, el Concejo Municipal votó para dar marcha atrás con una medida de 2023 que buscaba eliminar el salario mínimo diferenciado para quienes viven de las propinas. Sin embargo, la decisión aún no es definitiva y podría ser vetada.
De acuerdo con el medio local WTTW, la reacción del alcalde no se hizo esperar. Johnson ya confirmó que usará su poder de veto para blindar una reforma que considera innegociable.
Para anular esta última acción, el Concejo necesitaría al menos 34 votos, cuatro más de los obtenidos en la última sesión.
WTTW sigue de cerca el conflicto, que es un tema central en la agenda de Johnson, quien ha hecho de la igualdad en los salarios una bandera de campaña para las minorías.
Para el alcalde, todo negocio en la ciudad debería pagar a todos sus empleados el mismo salario, sin tener en cuenta cuánto ganen gracias a las propinas.
Hoy en día, los empleados del sector reciben un salario base de US$12,62 por hora, con el concepto de que las propinas cubran el mínimo general de US$16,60. En otras palabras, lo que se votó en octubre de 2023 fue una transición de cinco años (con fecha límite en julio de 2028) para eliminar totalmente esa brecha.
No obstante, la concejal Samantha Nugent propuso modificar los reglamentos. En este caso, intenta congelar ese básico en el 24% del mínimo municipal, lo que detendría los incrementos que ya estaban previstos.
Al terminar la sesión, el alcalde no ocultó su postura. “No voy a quedarme de brazos cruzados viendo cómo las mujeres afroamericanas y latinas sufren a manos de los intereses corporativos", dijo durante una rueda de prensa en el Ayuntamiento.
Por su parte, la industria gastronómica respira con alivio, pero advierte sobre la fragilidad del sector. Sam Toia, de la Asociación de Restaurantes de Illinois, sostuvo: “Se eliminan turnos y la gente se queda sin empleo”.
Según el portal informativo local, la presión salarial obliga a los dueños de locales de barrio a cancelar cualquier plan de crecimiento para enfocarse, simplemente, en no bajar la persiana.
Ahora la pelea pasa a los despachos y al conteo de votos. Para que el Concejo logre anular el veto del alcalde, necesita llegar a los 34 apoyos, cuatro más de los que consiguió esta semana.
Durante el debate, Anthony Quezada y otros concejales mencionaron lo “humillante” que es trabajar 60 horas a la semana y no tener dinero para pagar las facturas más básicas. Además, citaron su propia experiencia.
Por el contrario, voces como la del concejal Anthony Beale sostienen que Chicago no debería seguir el ejemplo de California u Oregon, donde ya existe un salario único, porque temen que eso provoque que las inversiones se vayan a los suburbios. El desenlace de este conflicto determinará la situación económica de miles de familias en Chicago.


