TEL AVIV.– Las primeras señales fueron confusas. Explosiones en el puerto iraní de Bandar Anzali, sobre la costa del mar Caspio, marcaron el inicio de una operación que, con el correr de las horas, tomó otra dimensión. El ejército israelí confirmó luego que su Fuerza Aérea había atacado objetivos de la Armada iraní en esa zona, en lo que constituye la primera incursión en el norte de Irán desde el inicio de la guerra.
Según las autoridades israelíes, el blanco fueron buques militares desplegados en el puerto y en el mar. La ofensiva incluyó lanchas misilísticas, embarcaciones de apoyo y unidades patrulleras. También alcanzó un centro de comando naval y estructuras utilizadas para el mantenimiento y la reparación de la flota.
El operativo se apoyó en inteligencia combinada. El ejército indicó que la misión fue ejecutada por la aviación tras recibir información de la División de Inteligencia Naval y de la Dirección de Inteligencia Militar, lo que permitió identificar con precisión los objetivos en Bandar Anzali.
Con el paso de las horas, el alcance del ataque se volvió más claro. Un vocero militar aseguró que la ofensiva logró “neutralizar” la capacidad naval iraní en el mar Caspio. En una sesión informativa con periodistas, el teniente coronel Nadav Shoshani afirmó que se trató de un “ataque sistemático en todos los niveles” de esa estructura.
El balance incluye decenas de embarcaciones destruidas, entre ellas al menos cuatro buques misilísticos equipados con sistemas de defensa aérea y capacidades antisubmarinas, además de una corbeta. A eso se suman daños en instalaciones clave, como el astillero utilizado para construir y reparar naves militares.
El propio ejército enmarcó la operación dentro de la campaña en curso, identificada como Operación “León rugiente”, y subrayó su carácter inédito. Es la primera vez que Israel extiende sus ataques al norte iraní en este conflicto y golpea objetivos en el mar Caspio, una zona que hasta ahora había permanecido fuera del alcance directo de la confrontación.
La secuencia de los hechos expone una progresión clara. Primero, los reportes de explosiones en Bandar Anzali. Luego, la confirmación oficial de los ataques. Más tarde, el detalle de los objetivos alcanzados y, finalmente, la evaluación del daño: una ofensiva que, según Israel, no solo impactó en unidades aisladas, sino que apuntó a degradar la estructura completa de la capacidad naval iraní en ese frente.
Con este movimiento, el conflicto suma un nuevo escenario. El mar Caspio, hasta ahora periférico en la guerra, se incorpora como un espacio de confrontación directa.
Irán intensificó este jueves sus ataques contra instalaciones de petróleo y gas en todo el Golfo Pérsico, elevando drásticamente la apuesta en una guerra que está enviando ondas de choque a toda la economía mundial.
Los ataques, en represalia por un golpe israelí contra un yacimiento de gas iraní clave, dispararon los precios del combustible y plantearon el riesgo de arrastrar directamente a los vecinos árabes de Irán al conflicto. El hecho de que Teherán apunte a la producción de energía tensionó aún más el suministro mundial, ya presionado debido al control asfixiante de Irán sobre el estrecho de Ormuz, una vía navegable estratégica por la que se transporta una quinta parte del petróleo mundial.
Desde que Estados Unidos e Israel iniciaron la guerra el 28 de febrero, los principales líderes de Irán han muerto en ataques aéreos y las capacidades militares del país se han visto gravemente degradadas.
Aun así, Irán —ahora liderado por el hijo del líder supremo muerto en la salva inicial de la guerra— sigue siendo capaz de realizar ataques con misiles y drones que sacudan a los vecinos árabes del Golfo y a una economía mundial altamente dependiente de la energía que producen.
Agencias AFP y Reuters


