En los últimos meses, las redes sociales —especialmente TikTok— se vieron inundadas por una tendencia que oscila entre la curiosidad y el desconcierto: videos de personas caminando en cuatro patas, utilizando colas y orejas, o corriendo por parques imitando el comportamiento animal.
Detrás de estas imágenes virales no hay un solo grupo homogéneo, sino dos subculturas bien diferenciadas que suelen confundirse: los Therians y los Furries (o Furros).
Esta comunidad se define por una cuestión espiritual. Los therians creen que su alma es un “híbrido entre humano y animal” y sienten que, en su interior, son ese animal.
A diferencia de los anteriores, los Furros o Furries no creen ser animales. Se trata de un fandom o comunidad de fanáticos de animales antropomórficos (animales con características humanas como hablar, usar ropa o caminar en dos patas).
Lejos de ser una moda pasajera de internet, estas comunidades tienen una fuerte presencia local. En Argentina se organizan “Meets” y “FurMeets”, encuentros donde los participantes asisten caracterizados.
El evento más importante es la Argentina Fur Fiesta (ARFF). Su última edición, realizada en agosto de 2024 en el Hotel Abasto, reunió a cerca de 500 participantes, consolidando un mercado de artistas que venden desde dibujos hasta diseños de trajes completos.
Una mujer denunció en las últimas horas que su hija fue mordida por un joven “therian”, mientras caminaban por la zona céntrica de Jesús María, una localidad ubicada a unos 180 kilómetros al norte de la ciudad de Córdoba, la capital provincial.
El insólito episodio se produjo en medio de un encuentro de los integrantes de esa subcultura, en la cual sus adeptos se identifican con perros, gatos, zorros y lobos, entre otros, usan máscaras con la cara de esos animales, se autoperciben como tales y hasta se desplazan como cuadrúpedos.
La mujer iba caminando por una plaza céntrica de Jesús María, cuando uno de los jóvenes se acercó a su hija de 14 años, y, sin mediar palabra, la mordió en el tobillo provocándole una herida.
Testigos del hecho observaron que el agresor se encontraba en un estado que se denomina “shift”, durante el cual adoptan un comportamientos psicológico y sensorial más cercano a los de esos animales que al de un humano.
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