¿Cuánto cuesta la corrupción? El Foro Económico Mundial calcula que es 5% del PIB global y el Banco Mundial estima que incrementa en 10% los costos de hacer negocios. Esto es muchísimo, pero no abarca todo, porque en la vida hay cosas que no tienen precio. La corrupción genera costos políticos, sociales, medioambientales, además de los económicos.
Para México, ¿es correcto tomar como costo de la corrupción el 5% del PIB? La cuestión viene a cuento porque tenemos niveles de corrupción más altos que el promedio mundial, si tomamos por bueno lo que dice el ránking global de Percepción de la Corrupción que elabora Transparencia Internacional (TI).
México saca una calificación de 27 sobre 100 en el informe 2026 de TI. El promedio mundial es 42. En la tabla de posiciones, ocupamos el casillero número 141 de 182 países evaluados. Somos uno de los siete países peor evaluados en América Latina y el sotanero dentro de los países de la OCDE. Hemos retrocedido en los últimos tres lustros. En 2012, nuestra calificación era 35. No somos los únicos que hemos perdido terreno. En el mundo, solo 31 países han mejorado su calificación respecto a 2012. Más de 150 han retrocedido.
Volvamos a las cuentas de la corrupción en México. El 5% del PIB es una cantidad enorme. Más o menos 1.7 billones de pesos, si consideramos que el producto nacional era 34 billones al cierre del tercer trimestre de 2025. Podría llegar hasta el 9%, si aceptamos la estimación que hizo el Banco Mundial la década pasada. Eso sería un poco más de 3 billones, más que el PIB de Nuevo León y que la aportación a la economía que hace el turismo o la industria automotriz.
El costo no se reparte equitativamente, pero aparece en casi todas las facetas de la vida nacional. El 48% de las empresas señalaron que un servidor público o una tercera persona les había solicitado un beneficio para realizar, agilizar o evitar trámites, según una encuesta de Coparmex publicada en 2024. De la población que realizó trámites o tuvo contacto con un servidor público, 14% experimentó actos de corrupción, de acuerdo con un trabajo del INEGI publicado hace dos años. Las “solicitudes” más frecuentes ocurren en los gobiernos municipales, seguidos por los estatales y, al final, el Gobierno Federal.
¿Qué tanto ha cambiado la corrupción en los últimos dos años? Me temo que muy poco. Las encuestas la ubican como el segundo mayor problema de México, abajo de la inseguridad y violencia, que aparece en un primer lugar, con más de 60% de las respuestas. El primero y segundo lugar están claros, pero no es nítida la separación entre corrupción, inseguridad y violencia. Estos tres monstruos se retroalimentan.
¿Qué tanto del bajo crecimiento que ha registrado México en los últimos años tiene que ver con la corrupción? He escuchado algunas versiones de lo que expertos y empresarios le han comentado a la presidenta Sheinbaum en las reuniones recientes, cuando ella ha planteado la cuestión de por qué no crecemos y qué deberíamos hacer para crecer más. Nadie que yo sepa mencionó la corrupción como uno de los factores que afecta el crecimiento económico. Quizá deberían hacerlo. Estamos hablando de algo que cuesta entre 5 y 9% del PIB. Esto es mayor que la Inversión Extranjera Directa o las remesas que recibimos.
No incluimos la corrupción como parte de la explicación del mal desempeño económico y, al hacerlo así, cometemos un error. La corrupción merma la calidad de los servicios públicos y reduce la eficacia del sector público; afecta la productividad de los individuos y empresas, quita competitividad a la economía y hace que la competencia entre empresas sea menos pareja. Además, contribuye a la destrucción del medio ambiente y al deterioro de la calidad de vida en las ciudades. Empobrece a los que menos tienen. Produce más desigualdad.
Hablar de combate a la corrupción parece absurdo aquí y ahora. En México y en el mundo. Hay un declive en los liderazgos para combatir la corrupción, dice el informe de TI. Esta ausencia de liderazgos nos ha llevado a estándares más bajos de cumplimiento y a tener metas menos ambiciosas en los esfuerzos anticorrupción alrededor del mundo. ¿Qué hacemos? Por lo pronto, ¿qué les parece si volvemos a hablar del combate a la corrupción y reconocemos a los funcionarios, empresarios y ciudadanos honestos, aunque no esté de moda... o ¿quizá por eso?


