MAR DEL PLATA.- En pleno atardecer, no son pocas las personas que, al cruzárselo por Punta Iglesia, lo saludan afectuosamente. Responde, acepta fotografiarse y hasta participa activamente tomando él mismo algún celular para que el encuadre sea el mejor. De producir sabe. Y de marketing, también.
José María Muscari se pasea, por esa zona pedregosa de la ciudad donde el mar pega fuerte, con aires de divo, pero no distante. La gente lo conoce, algo que no le sucede a la mayoría de los dramaturgos y directores de teatro, confinados a cierto desconocimiento de su imagen de parte del público masivo.
Si bien comenzó en el circuito independiente, su olfato por lo popular lo llevó a convertirse en un hacedor de propuestas en el corredor escénico comercial. De hecho, su llegada a la costa marplatense tiene que ver con el estreno de Sex, la obra, que se da en el Teatro América.
En simultáneo, en el capitalino Gorriti Art Center se ofrece la versión original y performática del formato, mientras que, en el Multiteatro, sobre la Calle Corrientes, dio a conocer la comedia El divorcio del año. Muscari es una factoría en sí mismo.
-¿Cuál es el secreto de los dos formatos de Sex?
-Se reinventa, no es previsible, no se repite, pero, por otra parte, cuando el público dice “sí” es poco lo que se puede explicar. ¿Cuál es el secreto de Brujas? ¿Cuál es el secreto de Toc toc? Sex es un éxito, pero, si hubiese fracasado, te hubiese, quizás, dado las mismas razones.
-¿Cuáles serían esas razones para argumentar?
-Habla sobre sexo, no es convencional, está actuada por famosos y es disruptiva. Si Sex no hubiese funcionado, es probable que le hubiese atribuido el fracaso a casi todo eso que acabo de enumerar.
En un tiempo donde pensar la sexualidad dejó atrás el rango de osadía, Muscari se atrevió a poner en blanco sobre negro algunos tópicos silenciados o postergados en torno a la cuestión. Aún, en el siglo XXI hay mucho por decir, pensar en voz alta y cuestionar sobre los parámetros vinculados al sexo y el erotismo.
“A priori, con cierto prejuicio, podría pensarse que los espectadores que llegan a Sex provienen de un rango etario mayor, motivados por la curiosidad. Sin embargo, en la platea también conviven personas jóvenes, habituadas a pensar y, seguramente, ejercer lo que se plantea en escena", señala. "Suele venir mucha gente que, habitualmente, no va al teatro. Incluso, no son pocos los que llegan y que, seguramente, no van a volver a ver una obra, al menos en mucho tiempo. Acá no hay que entender una trama ni seguir qué les sucede a los personajes. Incluso, esto sucede en Sex, la obra, que es como un spin off del original y, en un punto, también es una obra-show".
Julieta Ortega, Diego Ramos, Gloria Carrá y Nicolás Riera protagonizan la propuesta que llegó a Mar del Plata, luego de una exitosa gira nacional que comenzó en el mes de abril del año pasado. Si bien es cierto que se trata de un material de texto, cierta atmósfera performática se embebe en la propuesta. “Hay algo de zapping, los actores conviven con una pantalla, entran y salen de los temas. El ritmo es más parecido al stand up que al teatro de texto”.
-Pensarlo como un zapping escénico no está mal.
-Eso define a mi teatro, también sucede en El divorcio del año. Es mi sello, para lo bueno y para lo malo, para el que le gusta y para el que no.
-¿Cómo te llevás con las críticas?
-Muy bien.
-Si la crítica, y no me refiero solo a la profesional que puede surgir en un medio de comunicación, no es favorable, ¿te interpela, te angustia?
-Que se diga que algo que hiciste no está bueno o falló, no puede alegrar a nadie. Pero, como tengo una escucha muy cauta, no me creo nada cuando la gente me dice que soy un “capo” y tampoco le creo a la crítica ensañada que dice que la obra es una verg… Ni una cosa, ni la otra, pero reconozco que tengo una escucha selectiva muy buena.
-¿Qué significa eso?
-Si alguien me dice algo y me resuena, aunque sea un comentario que no me gusta, lo tomo.
-También depende de quién viene.
-Es relativo, hay gente muy pelotud… que dice cosas interesantes.
-¿Te parece?
-Nunca juzgo a quién hace una devolución de los materiales. A lo que le doy mucha bola es a lo que le pasa al público con lo que yo hago, no al medio. No hago obras de teatro para el medio, porque, además, el medio no paga entradas, con lo cual tampoco podría vivir de la gente que va gratis al teatro a opinar. Soy muy respetuoso del público que compra las entradas y que es el responsable de que esta industria exista.
-¿Cuándo te volverás a subir a un escenario?
-Posiblemente sea este año.
-Di en la tecla.
-Estoy esperando que se terminen de concretar los derechos de una serie internacional que tiene una productora muy grande detrás. Es un best seller que se convirtió en una miniserie de seis capítulos, que fue suceso en plataforma, y me dieron los derechos para que, por primera vez, se adapte al teatro.
Al momento de la realización de esta entrevista, mucho más no puede contar sobre la producción que marcaría, luego de doce años, su regreso a la escena como intérprete protagonista.
-¿Por qué elegiste a Flor de la V como nueva figura cabeza de compañía de Sex, viví tu experiencia?
-Es la primera vez que la propuesta tiene una única protagonista y no a un dúo de actores, esto se dio por elección y, también, por su estelaridad y capacidad como artista. Flor (de la V) actúa, canta, baila, hace stand up y conduce televisión, y hasta diseña y cose su propia ropa. No hay muchas artistas así.
Siempre atento a reformular sus materiales, escribió textos pensados para ser dichos por la actriz. “Acordé con ella qué tenía ganas de contar y decir y qué no. Otro de los secretos de Sex es que la gente que se suma esté muy a gusto con lo que le toca hacer. No me interesa que alguien que se sube al escenario de Sex se sienta incómodo y que no le guste verse, después, en una red social”.
Sabe armar elencos impensados. Amalgamados cuando, a priori, nada hace suponer que los ingredientes puedan cuajar. Generalmente lo logra. No siempre. Así como la presencia de Flor de la V le impondrá a Sex, viví tu experiencia un rasgo propio, lo mismo sucede con el elenco que protagoniza la obra de texto en Mar del Plata: “Tres de ellos tienen más de cincuenta años, con eso estamos diciendo algo en torno a la sexualidad y el erotismo no asociado exclusivamente a la juventud. Julieta, Gloria y Diego están más cercanos a la adultez más madura que a hacerse los jovencitos”.
-Pero se puede hablar de sexo después de los cincuenta, lo cual no es poco.
-Es un gran valor de la obra.
Así mismo, Muscari reconoce que los actores protagonistas no son conocidos por haber estado involucrados en un escándalo o por haber hecho un show mediático de su vida personal: “Ninguno es producto de un reality, no son expertos en cocinar en televisión ni salieron de una casa, con eso estoy diciendo algo. Sex es un discurso a cuatro voces que, para encarnarlo, necesita actores de verdad”. es un discurso a cuatro voces que, para encarnarlo, necesita actores de verdad”.
Pensando en las temáticas abordadas, reconoce que “esta obra no la podría haber escrito siete años atrás, cuando estrené Sex, viví tu experiencia. La sociedad evolucionó y permite que se pueda hacer hoy. Cuando di a conocer la versión más performática, Diego Ramos era un galán de televisión heterosexual”.
A dos años de estrenada la propuesta, el actor participó en el programa PH (Telefe), conducido por Andy Kusnetzoff, donde reconoció, públicamente, su verdadera orientación sexual. “Cuando él comenzó en Sex, era el galán que calentaba ‘minas’, hoy, en una escena, se ‘draguea’“, sostiene Muscari en relación al momento de la obra donde Ramos se trasviste, luego de realizar un desnudo total y frontal a la platea. “Es el timón de Sex, estuvo desde la primera hora y pasó por todos los formatos”.
-En la sociedad actual, a pesar de la evolución que mencionás, ¿se habla sobre sexo más que lo que se lo ejerce?
-El sexo es un gran negocio y sigue siendo un tema tabú. Tiene que seguir siendo, en cierta medida, algo prohibido para continuar dándole plata a algunas personas, entre las que no me incluyo.
-¿A quiénes te referís?
-A las personas que trafican o constituyen un negocio alrededor del sexo.
-Un sexo mal entendido.
-Sí, que tiene que ver con la prostitución legitimada y no legitimada, lo pornográfico y prohibido. Cuando algo no está prohibido deja de tener el interés de ser traficado.
-Entonces, ¿cómo se encuadra Sex bajo esa lógica?
-Desde un inicio me planteé no mostrar el sexo de manera prohibida, oscura y prejuiciosa. Es un espectáculo glamoroso y luminoso. Nunca vas a encontrar en las redes sociales una comunicación en torno a Sex que tenga que ver con lo oscuro.
-Ambos formatos conllevan un espíritu celebratorio.
-Eso también es una declaración de principio en torno a lo que yo pienso del sexo.
-¿Qué pensás?
-Para mí, el sexo no es nada tortuoso, prohibido. Todo eso es un legado, por un lado, un poco religioso, y por otra parte, es patriarcal económico, hay una industria detrás de eso, por eso se necesita que siga siendo pecaminoso y escondido para que otra gente pueda seguir lucrando sobre eso.
-¿Cómo te modificó la paternidad el ejercicio de tu propia sexualidad?
-En principio, antes de tener un hijo adolescente que vive conmigo, yo era un hombre soltero con toda la desprolijidad que eso permite. Eso quiere decir que, cuando quería, alguien se quedaba a dormir y las personas entraban y salían de mi casa al ritmo de lo que yo tenía ganas.
-¿Cómo es ahora?
-Desde que tengo un hijo, eso no existe. En principio, en estos dos años y pico de padre, no me enamoré de nadie, con lo cual, no tuve la necesidad de presentarle una pareja a mi hijo y que esa pareja venga y se siente en nuestra mesa familiar o se quede a dormir. Mi sexualidad actual, como no se da en el marco de una relación, no tengo la necesidad que mi hijo la oficialice, la evidencie.
Explica que hace casi seis años que no tiene pareja estable y, sorpresivamente, el hombre desprejuiciado sentencia que “no me gusta dormir con alguien, si no estoy enamorado. No soy del acting de “miremos una película” y no invito a esa persona a almorzar con mi familia o amigos si no es mi pareja formal. Con lo cual, mi manera de relacionarme no tiene tanto que ver con la presencia de mi hijo, sino con mi propia personalidad, ya era así antes de ser padre”.
-¿Por qué seis años sin pareja?
-Te cambiaría la pregunta.
-¿Qué te preguntarías?
-¿Por qué seis años sin enamorarme?
-¿Por qué seis años sin enamorarte?
-Te diría que tiene que ver con mi ritmo personal, tuve parejas largas de cuatro o cinco años, pero con muchos baches entre una y otra, no soy de las personas que terminan un vínculo y, a los tres meses, se enamoran de otra persona. También tiene que ver con que tengo cincuenta años y uno se vuelve más mañoso, con menos ganas de pavadas. Estoy más selectivo, para colmo, me gustan los tipos de mi edad o más grandes y que sean musculosos, soy complejo. Por otra parte, soy muy feliz con mi soledad. No quiero idealizar la situación, pero tengo una felicidad muy plena, una vida bárbara, muy completa, con una familia hermosa, lleno de amigos, con pasión y libido puesta en mi trabajo. Y, por supuesto, construí un vínculo con mi hijo que es espectacular.
-¿Cómo es esa relación que se construyó siendo tu hijo adolescente y vos una persona ya adulta?
-Maravillosa. Recién me envió un mensaje donde me decía “viejo, divertite, pasala bien, no vayas solo a cenar con tus amigos, andá a un boliche”.
En marzo se mudará, aunque a pocas cuadras de su domicilio actual, en las inmediaciones de la intersección de la avenida Santa Fe con Callao. “El departamento donde vivo es hermoso, pero mi habitación y la de mi hijo están pegadas y no tengo tantas ganas de escuchar a Duki todo el día, ambos necesitamos más independencia, así que, en la nueva casa, los cuartos estarán más separados”.
Cuando adquirió la propiedad en la que vive actualmente, aún no era padre. Su vida se modificó radicalmente desde que adoptó a Lucio, quien en marzo cumplirá 18 años.
-Tu hijo te llama “viejo”. ¿Cuándo fue la primera vez que te lo dijo?
-Cuando él habla sobre mí con otras personas, dice “mi papá”, pero cuando charla conmigo, me dice “viejo”, le sale así.
-La construcción del vínculo entre ustedes debe haber sido algo muy movilizador para ambos.
-No me gusta romantizar la adopción, pero debo decir que tengo un hijo muy mágico, luminoso. Lo adopté a los 14 años, entonces, lo interesante es que él ya tenía una base. Durante tanto tiempo añoró tener una familia que, cuando llegué yo a su vida, no había una contradicción en él. Lo raro fue mudarse de provincia, llegar de Corrientes a Buenos Aires, tener un padre conocido y salir a la calle y que nos pidieran fotos. La gente lo felicitaba, las “viejas” de mi barrio se ponían a llorar, nos abrazaban. En todo este proceso hice grandes esfuerzos, pero, sin duda, el esfuerzo más grande lo hizo él. Dejó su lugar, a sus amigos, empezó en una nueva escuela. Fue fuerte, pero un proceso muy feliz.
-¿Lloraste mucho?
-Muchísimo, pero no delante de él.
Lucio sueña con ser piloto de avión, carrera que iniciará en el mes de febrero. Mientras tanto, ya participó de algunas campañas como modelo publicitario. “Es lo más”.
Sus elencos suelen ser corales. Amalgama nombres que, si no fuese por él, jamás se hubiesen encontrado. Se atrevió a que Moria Casán haya sido el shakespeariano Julio César y Norma Pons se haya empapado de la rigidez de la lorquiana Bernarda Alba.
Cuando Claudia Lapacó fue Madre coraje, de Bertold Brecht, el ejército de soldados de la narración lucía un diminuto slip negro con el que irrumpía la escena clásica. Y juntó a Gogó Rojo con Hilda Bernard en Póstumos. Solo algunos ejemplos de su fórmula. Atractiva y popular. Inesperada.
A la hora de pensar en el vínculo con las celebridades convocadas, donde no siempre reina la paz en medio de la estelaridad, no duda en ser terminante y claro: “El éxito de mis espectáculos son los espectáculos. Se trata de la suma de individualidades y no de un nombre convocante. Eso me hace tener una relación muy desafectada con la fama o el lugar del otro”.
Y remarca su sentencia: “Para mí no hay vueltas, ‘si no querés hacerlo, andate, que vendrá otra figura que sí lo querrá hacer y será igual de funcional y armará algo bueno’. Desde ya, respeto a las individualidades, entiendo que Flor de la V es una figura, pero que se suma de un espectáculo que ya tiene años de vida, eso ubica mucho a la gente”.
Durante este año, continuará ofreciendo Sex, viví tu experiencia y apuesta a la buena acogida de público de El divorcio del año, pero, genio y figura, tiene entre manos otros títulos a desarrollar.
Además de su regreso a la escena como actor, se sumará Doradas, que debutará en el Teatro Nacional Cervantes, y Lucio y yo, que se ofrecerá en el Centro Cultural de la Cooperación.
-¿Por dónde circulará Lucio y yo?
-Será una biopic sobre nuestra vida, no sobre la historia de cada uno, sino sobre nuestra relación durante los primeros meses, cuando, de golpe, a la vida de un adulto llegó un hijo y a la vida de un adolescente llegó un padre.
-¿La vas a actuar?
-No, dos actores harán de nosotros, pero todavía no puedo decir sus nombres. No nos van a imitar, sino todo lo contrario. No se parecen en nada a nosotros, pero busco que habiten esta historia y que se dejen trasmutar por nosotros. Siento que es una obra muy emocional, muy diferente a todo lo que hice.
-¿En qué consistirá Doradas?
-Será un espectáculo con cinco actrices muy distintas, cuyo ordenador será que nunca han trabajado en el Teatro Nacional Cervantes.
El elenco de la pieza estará conformado por Marta Albertini, Judith Gabbani, Ginette Reynal, Cristina Alberó y Carolina Papaleo. “Cumplo treinta años como director y será, para mí también, mi primera vez en ese espacio”.
-¿Qué cuenta la obra?
-Es la primera obra escrita con IA (Inteligencia Artificial). Habla del vínculo de las cinco actrices y qué significa para ellas actuar, por primera vez, en el Cervantes. Hacen una especie de alter ego con sí mismas y, por otro lado, el vínculo de ellas, que son de otra generación, con la IA. Además, hay un concepto que las envuelve, por eso el título de la obra.
-Remite a una época.
-Tiene que ver con eso, con la chapa y el bronce, a quiénes se premia y, además, con que se hará en el Salón Dorado del teatro. Las cinco vienen de una industria y de caminos que no son, precisamente, los que te dan el bronce. En cambio, estar en el Cervantes es una forma de validación para mucha gente.
-Para vos, ¿qué es el prestigio? ¿Te sentís prestigioso?
-No es una palabra que asocie a mí, sin embargo, algo de lo que hago tiene un prestigio ganado. Me doy cuenta en el vínculo con los actores cuando los convoco, saben que hay seriedad detrás de lo que hago, aunque la idea sea osada. Lo sentí cuando me reuní con Gonzalo Demaría, el director del Teatro Nacional Cervantes, quien me dio luz verde, no solo para estar allí, sino para elegir al elenco que yo quisiera.
Finalmente, José María Muscari reflexiona: “Me interesa que mis espectáculos no tengan la opción de estar atravesados por el prejuicio”. Eso está claro. Y no sólo es una voz de deseo, ni una enunciación. Hace a su modo. Libre.
El chico criado en Mataderos, hijo de una ama de casa y un papá al frente de una verdulería, se construyó a sí mismo. A puro coraje y sin importarle demasiado si lo suyo es prestigioso o validado por el medio. Prefiere ser disruptivo, popular y auténtico. “La gente que tiene prejuicios conmigo, se queda con algo que no es”.

